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Analista: “Está llegando el momento de repensar la política energética”

El ingeniero eléctrico y analista en temas de energía eléctrica, Osvaldo Irusta Zambrana, analiza las luces y oportunidades del país en este ámbito, entrevistado por Radar Energético. 

(RE).- Corren tiempos de transición energética a escala global. Mientras Europa se ha puesto a la vanguardia de esta nueva era eléctrica, la región sudamericana aún se encuentra rezagada salvo algunas excepciones y en particular Chile, que hace menos de una década definió una política energética y su hoja de ruta con el objetivo impulsar las energías renovables en su matriz energética.

En ese contexto, Bolivia no ha pasado de la realización de algunos proyectos en energía fotovoltaica y de energía solar, varios de los cuales aún están en construcción.

La energía que se produce en el país, con datos a 2020, en un 63% proviene de turbinas movidas con gas natural, 32% de hidroelectricidad y 5% de energía renovable no convencional, solar y eólica.

La principal fuente de generación que es el gas natural ha tenido una producción declinante en los últimos años, y esta semana el diario EL DEBER publicó que YPFB, como acopiador de la producción de gas, pidió hace algunos meses a la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) reducir el consumo de gas para generación de electricidad.

En ese marco, ¿Cuáles son las soluciones de fondo y la visión de largo plazo para el sector eléctrico nacional?

“No veo señales. Está ausente una política energética”, asegura Osvaldo Irusta, Ingeniero Eléctrico, analista en temas de energía eléctrica, y también consultor de Gas Energy Latin America, en conversación con Radar Energético.

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ENTREVISTA. Osvaldo Irusta en conversación con Radar Energético.

“Tenemos un problema complejo con el gas natural”, dice al recodar que es la principal fuente de generación y con capacidad declinante.

“Lo que no tenemos es una política energética integral”, dice -y se pregunta- “cómo vamos a manejar los combustibles, seguiremos haciendo prospección petrolera, iremos por el camino de la transición energética, etc., hay que discutir esos temas de fondo”, plantea.

El precio del gas natural para el mercado interno fue fijado hace décadas en 1,30 dólares el millón de BTU, y el volumen destinado para las termoeléctricas actualmente representa aproximadamente el 10% de la producción total.

Sin embargo, el precio de exportación de ese mismo gas en los últimos años ha sido cuatro o cinco veces superior al precio local, lo que significa que al quemar gas natural para las termoeléctricas, Bolivia estaría dejando de percibir al menos 3 o 4 dólares por cada millón de BTU. Entonces, ¿Cómo reemplazar esa fuente?

Los planes del Gobierno boliviano en los últimos años han apuntado a la construcción de plantas hidroeléctricas para, de a poco, ir desplazando al gas natural como principal fuente de generación. Es así que actualmente están en construcción dos centrales, una en Cochabamba y otra en La Paz; Ivirizu (290,2 MW) y Miguillas (203 MW), para ser entregadas en los próximos años.

Sin embargo, según Irusta “el desarrollo del sector eléctrico y del sector energético actualmente se está avanzando como poniendo parches. Se quiere hacer generación distribuida, hacen un decreto, electromovilidad, otro decreto, solar, hacen otro decreto, pero sin una visión”, ejemplifica Irusta, quien también es consultor y asesor de organismos y empresas internacionales.

Irusta compara los avances vistos en los últimos años en Chile, país reconocido a escala mundial por sus adelantos en la implementación de proyectos en energía solar, eólica, hidrogeno verde e hidroelectricidad, entre otros.

El país vecino estableció una política clara y de largo plazo a partir del racionamiento y corte total del suministro de gas natural que sufrió desde 2004 por parte de Argentina, que por escases de exploración petrolera y la disminución de su producción de gas, tuvo que priorizar su mercado interno aun incumpliendo contratos internacionales.

El Gobierno de Bachelet se planteó una política energética construida a partir de la gente, de las instituciones, y el Gobierno de Piñera la siguió con algunos ajustes, pero la siguió”, dice el analista, quien vaticina que Chile superará sus metas de energías renovables para 2025.

¿POR QUÉ NO EN BOLIVIA?

“Siento que está llegando el momento de repensar una política energética, sin importar cuál sea el fundamento económico, es decir, si será con más Estado o con más mercado”, vaticina al complementar que “el mismo contexto está impulsando esta situación, porque no tenemos la bonanza que tuvimos hace varios años, ni se percibe que la vayamos a tener. Entonces las necesidades van a ser la motivación para empezar a pensar claramente en una política energética”, dice.

Respecto a la capacidad instalada, Irusta asegura que no debería haber preocupación “en los próximos 5 o incluso 10 años”, y que lo que “no podemos permitir es seguir con parches en nuestra política energética”. Recomienda dejar las diferencias ideológicas a un lado y “ponernos a pensar en el futuro energético” del país.

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SOLAR. Con fondos estatales se ha construido el parque solar de Oruro. No se conoce detalles sobre su competitividad. Foto: ABI

OPORTUNIDADES

“En Bolivia hay capacidades que se deben aprovechar”, dice Irusta, quien lideró en décadas pasadas la reforma energética boliviana.

“Veo con inquietud que se dejen perder las oportunidades que aparecen. Inversiones externas para el desarrollo de energías renovables están ahí dando vueltas, la muestra es que Chile hace una subasta y las inversiones van, Colombia hace lo mismo y van. Entonces, Bolivia puede establecer sus propias reglas” y atraer inversiones, reflexiona.

Según el especialista Bolivia es el cuarto país en potencial en energía solar en toda Latinoamérica y sexto en energía eólica. “El potencial está ahí”, asevera.

Hoy el mundo está en una carrera frenética por electrificar sus sistemas energéticos y las capacidades adicionales que se están generando tienen un enfoque en energías renovables no convencionales (solar, eólica, hidrogeno, etc.).

“Todas las sociedades están apostando a electrificar, con electromovilidad, con energía distribuida, lo están electrificando todo y lo están volviendo mucho más tecnológico y digitalizado”. No podemos quedar fuera de esa carrera, reflexiona el entrevistado.

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FUTURO. Irusta considera que falta un liderazgo que lleve adelante los cambios que se necesitan en el sector energético.